viernes, 21 de diciembre de 2012

Un par de alitas, para volar al fin del mundo*


Tanto fin del mundo y no pasó nada…
¿Nada?... Tal vez nos hemos muerto todos…
Lo que yo sé por lo menos, es que yo sí morí, de una muerte súbita y dolorosa a la vez… yo sí morí, en las cenizas más blancas y menos grises.
Yo sí morí… yo sí morí…
Pero no este diciembre, morí el diciembre anterior y tantas veces antes y después de ese… morí el diciembre pasado y morí sin notarlo, de una muerte súbita.
Murió esa persona asustada de pintarse demasiado.
Murió ella la que no quería ser vista nunca, murió alguien que no soy yo.
Fui naciendo, fui naciendo este año, por enésima vez…
Fui naciendo con miedos, con logros, con sueños, con insomnios.
Fui naciendo y encontrando por fin, eso que faltaba.
Cómo dice Mantoi “Eso que me impide aceptar que estoy hecho para el olvido”…
Fui encontrando esa luz de la que hablaban, esa que tanto dijeron que estaba.
Encontré esas alas que de pequeña me prometieron, aún rotas, aún débiles, pero listas, para volar de a poco…
Morí el otro diciembre, y nací de nuevo, yo misma, con mi esencia, pero distinta.
Y ahora bailo, y bailo con ganas, me di cuenta que quiénes odian lo pasan peor que los odiados, que quiénes juzgan lo pasan peor que los juzgados, que los que tienen el afán de llamarse “normales” no saben vivir, y que los que aceptamos y abrazamos la locura, nos hacemos llamar intensos y nos permitimos ser.
Tanto fin del mundo y no pasó nada, no hubieron lluvias de meteoros, pero yo, yo llovía llena de fuego…
Tanto fin del mundo y no pasó nada, no están aquí los tres días de oscuridad y yo, yo me desviví en la oscuridad.
Tanto fin del mundo y no pasó absolutamente nada, porque quedamos algunos que creemos en las flores, en el viento y en el agua. Porque siempre estaremos, esos que sabemos que en los árboles está la respuesta, porque no olvidaré jamás que en las pequeñas conchitas, se puede oír el mar en su esplendor.
El mundo no se acabó, porque tanta maravilla no puede irse…
El mundo también murió de muerte súbita, no murió este diciembre, ni tampoco el anterior, no murió el 2000, ni el 2012, no murió el 6 del 6 del 06, murió antes, murió cuando perdimos el vuelo.
Por eso hoy me reconozco que puedo gritar, que me puedo hacer notar, que puedo bailar con la música y olvidar mi alrededor, que puedo reír sin parar y que puedo sufrir con fuerza, hoy reconozco que me encontré… un par de alitas.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Chasing the sun :*


Hello, full moon…
Would you join me with a cigarette?
Yes, i know you smoke…
Oh, moon i want him..
I want him really bad,
But he doesn’t know it,
At least he pretends that.
But i guess, we aren’t talking about him…
The sun?
He went to sleep a while ago…
Do you want me to wake him up?
I’m sure he doesn’t care..
Are you sure?
But he isn't gonna be mad
He's been talking about you later…
He says that you’re beautiful,
But dark and melancholic..
He says that he feels something
but he have to think about it.
So…
What do you think?
Yeah, i know the feeling,
why can't we just do things?
jump over them
and kiss the crap out of them
tell them the truth
without hesitation
make them understand,
that we just wanna try...
that we're open to anything.
and that we wanna live
i know, i know...
i will wait too...
for the next eclipse

jueves, 29 de noviembre de 2012

A veces me da miedo...


A veces me da miedo,
Me da miedo lo que pienso…
A veces me da miedo,
Me da miedo que pienso demasiado…
A veces me da miedo,
Me da miedo que no puedo sentir nada…
A veces me da miedo,
Me da miedo que lo siento todo y que no paro de sentir…
A veces me da miedo,
Me da miedo el mundo a mi alrededor…
A veces me da miedo,
Me da miedo mi propia sombra…
A veces me da miedo,
Me da miedo que me miren mucho…
A veces me da miedo,
Me da miedo que me escuchen gritar...
A veces me da miedo,
Me da miedo que no me vean…
A veces me da miedo,
Me da miedo que no me escuchen ni siquiera susurrar…
A veces me da miedo,
Me da miedo que me vean como una loca…
A veces me da miedo,
Me da miedo que me vean como alguien normal…
A veces me da miedo,
Me da miedo escribir tanto…
A veces me da miedo,
Me da miedo perder mi relación con la escritura…
A veces me da miedo,
Me da miedo salir de mi pieza…
A veces me da miedo,
Me da miedo no querer levantarme de mi cama…
A  veces me da miedo,
Me da miedo querer volar…
A veces me da miedo,
Me da miedo no tener alas…
A veces me da miedo,
Me da miedo el miedo …
Me da miedo mirar al miedo…
Decirle : “Buh!”
Pero pienso, pienso y pienso demasiado
que tengo que sentir desde el fondo
sentirlo todo y dejarlo de sentir
así mirar de frente al mundo
mirar mi propia sombra.
Dejar que me miren,
cómo una gatita que camina por los techos.
Hacerme escuchar,
gritar sin importar quién escuche, y mejor si escuchan.
Pienso en desaparecer, dejar de ser vista ser invisible…
Siento que debo susurrarle al viento, sin ser escuchada…
Cantar como un grillito…
Me di cuenta de que soy loca, y sí también tengo cosas de normal…
Pienso que no puedo olvidar escribir, pero conozco otras formas de expresión…
Siento que no salir de mi pieza es como encerrar la mente y que salir de ella es como liberar el alma.
Que no levantarme de la cama es sano en algunas ocasiones…
Pero no hay nada que quiera más que volar, que tener alas, que ir y venir, ir y venir…

Al fin me di cuenta…
Tenerle miedo al miedo, es normal, pero no sano…
Me di cuenta de que al miedo, hay que mirarlo a los ojos,
A veces me da miedo…
Me da miedo vivir, me da miedo morir, me da miedo renacer, me da miedo sentir…
¿Entonces?...
Se mira a los ojos al miedo, se mantiene la mirada fija, aunque aterre, y se grita :
“BUH!”



lunes, 1 de octubre de 2012

Muchos saben, pocos entienden.



Soy desordenada en exceso. La música me transforma. Soy llorona, lloro con absolutamente todo, desde una conversación bonita, hasta una película trágica. Estoy más loca de lo que me gustaría. Creo que nunca me voy a conocer por completo. No creo en la ciencia, tal vez algunas cosas hacen sentido, pero por lo general no creo en la ciencia. Más que el té, me gusta el vapor calentito y el olor que sale de la taza. Tengo insomnio. Amo dormir, pero me cuesta irme a acostar. Odio despertarme. Vivo llegando tarde. Le tengo miedo a las arañas y a los lugares cerrados. Creo que las cosas pasan por algo. Conocí el amor. Creo en las conexiones y en lo eterno. Me he visto renacer. En mi pieza hay manos pintadas, huellas de las personas que se han vuelto importantes. Toda mi vida me han dicho hippie. Tengo una canción que me define y muchas que me llegan y otras que me han transformado. Tuve una mágica infancia. No tengo religión. Me encanta la primavera. No sé tomar sol. Creo en lo que quiero creer. Siento algo muy especial por el cajón del Maipo, es de mis lugares favoritos. No sé que me depara el futuro. Bailo cuando estoy sola. Abrazo árboles y les hablo. Las estrellas me provocan nostalgia, me recuerdan las dunas y a Playa Blanca. Siempre he querido ver una luciérnaga. Vengo de un colegio distinto.Creo en la educación prohibida. Me he teñido el pelo muchas veces, rojos, café,rojo café. Una vez me teñí azul abajo del pelo para probarme que era capaz de lograr lo que quería. Creo en la amistad.  Amo el cine. Valparaíso es la ciudad mágica, por sus grafitis. Sonreírle a la gente en las mañanas me parece muy importante. Tengo la mejor familia. Me hacen feliz las estupideces diarias. Me encanta filosofar e irme en volá, pero cuando me pierdo me da miedo. No sé lo que quiero, la mayoría del tiempo. Me gusta mi carrera. Me gustan las hadas y los duendes. Me he sentido abandonada. Me cuesta enojarme. Soy despistada. No me sé ubicar en el espacio. Amo la literatura. Amo la música. Me encantan los sauces llorones. Los aromos me recuerdan a mi hermana. Todo a quien conozco tiene un personaje o un animal. Conozco un lobo. Siempre inventé diálogos en mi cabeza. Con mi viejo vamos a compartir una pieza en el Peral. Me gusta estar sola, pero más la compañía. Cuando chica sonreía chueco. Nací sietemesina. Mi hermana chica, de 13 años, me está por pasar en altura. El metro en la mañana es un suplicio. No puedo hablar despacio, simplemente no va conmigo. La coca light es lo mejor que le ha pasado al mundo. No sabía lo que era estudiar hasta que entré a la u. No sé comer sin mancharme. Me impresiona cómo la tecnología avanza cada vez más rápido. Amo a mi familia. Tengo un gato desafinado y turnio y una perra preciosa y gorda. Nunca dejaría de estudiar. Lo estudiaría todo. Pensé estudiar psicología. Estoy estudiando gracias al empujo de mi mejor amigo. Siento que vivo y que muero todos los días. Soy intensa. Si me hablas de creencias, te respondo Caos. Pocas veces he logrado vivir un Carpe Diem, pero me gusta. Me parece que los delfines son animales míticos. Uno puede entender muchas cosas pero llega un minuto en el que hacen sentido. Escribo para mí, pero me gusta llegarle a la gente. Amo el mar, es la mezcla perfecta de la luna y el agua, del caos y la eternidad monótona. Quiero volver a Playa Blanca. Me gustan los columpios. Los aviones me dan miedo, me siento inestable. Mi abuelo era un gran piloto, irónico. Hay bellezas criminales. Miradas ilegales. No sé jotear. Me llamo Daniela Luna. Soy más compleja de lo que parezco y más sencilla de lo que yo misma creo. Me casaría con Eddie Vedder por su voz, con Johnny Depp por su onda, con Miyasaki por sus películas, con Hermann Hesse por su sabiduría, con Tim Burton por su creatividad, con Orlando Bloom por su cara tiernucha y con Ian Somerhalder por su cuerpo. Nada tiene sentido si no se comparte. Tengo una adicción por las poleras. Lucky Light <3. Armar teorías es inevitable. Quiero volver a tocar piano. He tenido depresiones. Soy excesivamente sensible. Me rio con cualquier cosa. Una sonrisa puede cambiarme el día. No creo en la gente simpática y feliz todo el tiempo. Me gusta mirar a los ojos, lo intento hacer casi siempre. Me gusta que me miren si me hablan. Me gusta escuchar. Siempre me consideré algo así como una mariposa.

Nací de agua, en el cajón mojaron mis patitas en el río y quedé marcada. Mi nombre es Luna y también me marcó, siempre allá arriba, siempre volando.
Foto por : Anto Fuenzalida Lagies

lunes, 24 de septiembre de 2012

Rojizo, Café, Calipso y Dorado :*


Desde el estómago sintió como ardía,  las entrañas se le quemaban y los pulmones de humo se llenaban.
Sintió el calor del olvido que le carbonizaba los huesos, sintió como todo en ella se volvía fuego hasta el oxígeno.
De su alma enfurecida nació la rosa que la pinchó con cada una de sus espinas, de su mano salía sangre caliente, sangre hirviendo, sangre burbujeante y en ella  se cocinaba la rosa cómo el más mortal veneno.
Pero ella seguía siendo hermosa, envuelta en el dolor más grande seguía teniendo esa mirada, rojiza, café, calipso y dorado.
Se estaba quemando, cómo las promesas se queman en las cartas de amor, cómo se quema el último de los fósforos al prender un cigarrillo, cómo se quema la fogata del más helado monte al lado del vago solitario.
Las lágrimas congeladas, caían por su cara dejándole pequeñas heridas. Dicen que cuando el calor es demasiado se siente frío, ella tiritaba, desde lo más hondo, pero no por frío.
Le ardía el pecho, le ardía el cuerpo, le ardía el alma y le ardía el pelo.
La cara pálida, los ojos negros, el pelo desteñido, las manos sangrantes, los labios descascarados y ella seguía viéndose bella, nadie podía entenderlo, pero su majestuosidad no era física, era algo que iba más allá.
Y al final, ¿Qué importa si se veía bella?
Se veía en paz…
Se veía en armonía, pero se quemaba por dentro, todos lo sabían. Nadie quiso acercarse, pero todos la miraron a los ojos, de ellos salía vapor y agua… cómo llovían.
Todos con ella lloraron y de la rosa un pétalo para cada uno sacaron, por ella se hizo el más grande carnaval, todos llevaron máscaras al borde del acantilado, dónde se la vio sufrir el fuego; los enmascarados la odiaban por su largo sufrimiento y la amaban por su dulce mirada.
El frío y la angustia la hacía remecerse, todo le ardía y gritaba, pero más parecía un canto, un canto que pasaba por los tonos más bajos y más agudos, así la soprano parecía chillar y los contrabajos de su voz le hacían honor a la tierra en sus lugares más oscuros, las cuevas y los demonios.
Se revolcaba de dolor ella, la del pelo oscuro, sin una vaga idea de quiénes la rodeaban, tanto era el polvo que levantaba su pataleta, que ahora sólo veía gris.
Este era el espectáculo que se vivía a orillas del acantilado, en las afueras de la ciudad, los enmascarados marchaban y danzaban al ritmo de la triste queja, de la bailarina de suelo que ardía en su propia angustia.
El polvo alborotado se despertaba y las cenizas del inframundo se levantaban lentamente, ella no veía nada, el polvo y las cenizas no la dejaban ver, con un rayo de claridad vio el acantilado y cómo iba a caer inevitablemente.
Se tiró en picadas por el acantilado, tiempo de madurar, decisión tomada, segura y con fuerza.
El viento le acarició la cara y sintió como su cuerpo se llenaba de plumas, al verlas notó su color, negro cómo el ébano y de pronto sintió que el aire las acariciaba suavemente, sonrió y comenzó a llorar, ahogada por la caída.

El carnaval se detuvo y todos miraban este espectáculo, era ella sin duda, una ninfa de la vida, ésta que había arrastrado su cuerpo en cenizas y olvido, hoy volaba en picadas, envuelta en el negro y azulado resplandor de su cuerpo repleto de plumas, ella caía en picadas, era un espectáculo monstruoso y maravilloso de ver.
 De pronto el roce del viento comenzó a picarle sintió frío y sintió la mayor alegría, esta vez su fuego se desbordó, saliendo a través de la piel, quemando las nuevas plumas y todo debajo de ellas, esta vez sin dolor se incendiaba, en el cálido calor del hogar, del té y de la chimenea encendida.

Una bola de fuego cayó al río, incendiando sus alrededores, en los cuales más tarde crecieron las más bellas rosas sin espinas.
Los enmascarados miraron hacia abajo y vieron como el río se hacía de color rojizo, café, calipso y dorado. 
Así el carnaval nunca más se detuvo.
Fotografía por Cami Grimau Fuenzalida