Tanto fin del mundo y no pasó nada…
¿Nada?... Tal vez nos hemos muerto todos…
Lo que yo sé por lo menos, es que yo sí morí, de una muerte
súbita y dolorosa a la vez… yo sí morí, en las cenizas más blancas y menos
grises.
Yo sí morí… yo sí morí…
Pero no este diciembre, morí el diciembre anterior y tantas
veces antes y después de ese… morí el diciembre pasado y morí sin notarlo, de
una muerte súbita.
Murió esa persona asustada de pintarse demasiado.
Murió ella la que no quería ser vista nunca, murió alguien que
no soy yo.
Fui naciendo, fui naciendo este año, por enésima vez…
Fui naciendo con miedos, con logros, con sueños, con
insomnios.
Fui naciendo y encontrando por fin, eso que faltaba.
Cómo dice Mantoi “Eso que me impide aceptar que estoy hecho
para el olvido”…
Fui encontrando esa luz de la que hablaban, esa que tanto
dijeron que estaba.
Encontré esas alas que de pequeña me prometieron, aún rotas,
aún débiles, pero listas, para volar de a poco…
Morí el otro diciembre, y nací de nuevo, yo misma, con mi
esencia, pero distinta.
Y ahora bailo, y bailo con ganas, me di cuenta que quiénes
odian lo pasan peor que los odiados, que quiénes juzgan lo pasan peor que los
juzgados, que los que tienen el afán de llamarse “normales” no saben vivir, y
que los que aceptamos y abrazamos la locura, nos hacemos llamar intensos y nos
permitimos ser.
Tanto fin del mundo y no pasó nada, no hubieron lluvias de
meteoros, pero yo, yo llovía llena de fuego…
Tanto fin del mundo y no pasó nada, no están aquí los tres
días de oscuridad y yo, yo me desviví en la oscuridad.
Tanto fin del mundo y no pasó absolutamente nada, porque quedamos
algunos que creemos en las flores, en el viento y en el agua. Porque siempre
estaremos, esos que sabemos que en los árboles está la respuesta, porque no
olvidaré jamás que en las pequeñas conchitas, se puede oír el mar en su
esplendor.
El mundo no se acabó, porque tanta maravilla no puede irse…
El mundo también murió de muerte súbita, no murió este
diciembre, ni tampoco el anterior, no murió el 2000, ni el 2012, no murió el 6
del 6 del 06, murió antes, murió cuando perdimos el vuelo.
Por eso hoy me reconozco que puedo gritar, que me puedo
hacer notar, que puedo bailar con la música y olvidar mi alrededor, que puedo
reír sin parar y que puedo sufrir con fuerza, hoy reconozco que me encontré… un
par de alitas.



