De pronto, despertó…
Le costó abrir los ojos, estaba mareada, se sentía enferma, débil y revuelta, tenía ganas de vomitar y las nauseas se la comían viva.
Para decir verdad, ni siquiera estaba segura de que hubiese despertado…
El corazón le salía por la garganta y lo escuchaba en sus oídos, cómo si dentro de ella estuviese creciendo un nuevo ser.
Comenzó a mirar alrededor, en la oscuridad los monstruos no tienen caras, en la oscuridad el miedo te abraza sin parar y te aprieta hasta ahogarte.
Notó que estaba encerrada, que lo único que la rodeaban eran paredes, pensó entonces que la habían drogado, tenía que ser, tenía sentido…
“¿Dónde estoy?, ¿Qué fue lo último que hice?, ¿Cuántas horas llevo aquí?, ¿Quién tiene razones para secuestrarme?”… ninguna de sus preguntas tenía respuesta.
Todo estaba oscuro y ninguna de sus teorías hacía sentido, desde arriba, una ventanilla enrejada permitía que algo de luz entrara, dando una tenebrosa luminosidad a la habitación, y a ella, una pequeña esperanza. Trató de recordar lo sucedido antes de despertar allí, pero le fue imposible hacer una seguidilla de sucesos.
Empezó a recobrar lentamente la vista, en la oscuridad las pupilas se hacen grandes y las sombras comienzan a tomar forma, vio a su alrededor paredes blindadas de acero, brillando con la poca luz, metálicas, sin esquinas, su análisis se vio interrumpido abruptamente por un calor que comenzaba a picarle en los pies. El calor comenzó a subir por las paredes y de pronto la habitación entera estaba ardiendo, cada músculo de su cuerpo se despertó súbitamente y comenzó a moverse, a correr, de un lado para el otro, hasta que chocó con una de las paredes y quemando su brazo, se aferró a ella, miró nuevamente hacia la ventanilla y vio como una capa de neblina, de bruma, comenzaba a cubrirla y supo que moriría.
Pero pensó que tal vez ya había muerto, y este era el infierno, sí, tenía que serlo…
Las paredes de poco brillo, la luz al final del túnel, el no recordar cómo había llegado allí, la desesperación de dejar la vida, la sensación de ahogo y el calor infernal, sintió de pronto que volaba y en su desesperación comenzó a gritar.
-¡AAAAAAAAAAAAAH!
Sus gritos retumbaron en las paredes sin esquinas, y gritó más fuerte y más fuerte…
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“-¡Mamá!, ¡Está lista el agua para tú té!...
Ay, como chilla esta tetera… habría que comprar una nueva”