miércoles, 2 de octubre de 2013

#Fuersarroca

La muerte puede, y suele, llevarse la alegría de todos aquellos que rondamos en la tierra, más o menos cercanos al que se va en el viaje definitivo.
Si bien respeto con todo mi ser los ritos y maneras de entregar cariño de todos, hoy quiero armar mis ritos propios para darte ánimo a mi manera.
Mis ritos propios que se irán dando con el tiempo a ver si puedo aportar en algo, necesito por hoy y por ahora, escribirte estas palabras.
Hoy te dije que tenías que bailar y fluir con lo que te está pasando, con la vida, pero lo que en ese momento no pensé es que es realmente imposible hacerlo… sino, realmente difícil. Con el tiempo irás acostumbrándote a la idea de bailar y fluir con el echar de menos, con la pérdida, pero por ahora, no puedo pedirte una cosa así.
No quiero hablarte de lo que estás viviendo, porque primero, no puedo entenderlo y segundo no quiero recordártelo más.
Voy hablarte si, de lo bello que podemos encontrar en momentos como este, de la poca luz que hay alrededor cuando se sufre de tal manera.
No creo que esté demás decirte que mires el cariño que te están dando tus amigos, pero más allá de eso, me interesa que pienses, ¿A cuánta gente haz dejado algo en tú vida? Y que te des cuenta, que esa es la gente que te está apañando ahora.
Piensa que para mí hasta hace un tiempo eras el mejor desconocido.
Eterno desconocido, cada vez que te conozco un poco más me asombro, de la capacidad que tienes para relacionar ideas, para ganarte una conversación y para dar fuerza.
Yo carezco de las cualidades anteriores, por lo que hoy, estoy tratando con todo lo que tengo de mandarte fuerza y amor.
Tan resuelto eres con las cosas que vives y tan fuerte que la verdad no creo que haya algo por decir que no hayas ya notado... sin embargo te mando todo el cariño que te tengo y un abrazo fuertísimo.
Como tú dijiste hoy, estoy levantando mis manos al cielo para mandarte la mayor cantidad de amor y energía positiva posible.
Te quiero muchísimo.

That’s how you stay alive, when it hurt so much, you can’t breath, that’s how you survive. – Grey’s Anatomy.




sábado, 29 de junio de 2013

Polvo de estrellas.

Y abrió los ojos... 
El frío la abrazaba tan fuerte que se colaba entre sus huesos y llenaba de escarcha su sangre, era de noche, las estrellas brillaban delante de sus ojos, dandole suna sensación de infinito y el viento soplaba fuerte y hacia todos lados, haciéndola sentir acogida y llena de amor...
Miró las estrellas, era una noche sin luna, pero con el brillo de las estrellas se iluminaba todo el cielo, ellas brillaban con fuerza en el firmamento.
"Las estrellas tintinean -pensó- los planetas no", habían muchas estrellas en el cielo y todas tintineaban, pero cuando empezó a recuperar los sentidos comenzó a notar que eran millones y que la rodeaban, no sólo estaban en el cielo, sino que bailaban a su alrededor y la abrazaban, tenía miedo de levantarse y ver que no había tierra firme, sin embargo lo hizo, se levantó. 
El suelo era de cielo y el cielo también las estrellas tintineaban cada una con su propio ritmo en todo su alrededor, sintió que volaba, que tenía el control de todo, también se sintió algo mareada, algo confundida, las pequeñas estrellas parpadeaban al compás de sus acelerados latidos.
Se levantó y empezó a caminar, su alrededor caminaba junto a ella y giraba bajo sus pies, al no encontrar un horizonte, ella pensó "¿Dónde estoy?"...

De pronto sintió que podía tocar el cielo, estaban tan cerca las estrellas, acercó su dedo a una de ellas y al tocarla, ésta explotó y se volvió polvo de estrellas, polvo que voló lentamente por el lugar y se puso ante sus ojos, dándole la visión de su vida, sus amores, su primer llanto, sus padres, los inviernos más helados, el kuchen de manzana con helado de piña de su abuela, la hija que había perdido, todo sus sufrimientos y alegrías, imagen tras imagen su vida se iba haciendo pequeña, en comparación con el universo que se le mostraba ahora, también en imágenes, hacia atrás y hacia adelante, el big bang, el apocalipsis, el fin de los tiempos, el tiempo de los dioses, la dominación de las religiones, la edad dorada, el renacimiento, la naturaleza y la destrucción completa de la misma, los dinosaurios, la primera persona, la evolución y el caos que la siguió, una por una desfilaban delante de sus ojos, las imágenes del universo completo.
Lentamente ella terminó por entender que estaba frente al no espacio y al no tiempo, estaba en el tiempo circular, dónde había vida y muerte pero no principio ni fin, en el universo paralelo, en Atlantis, en la galaxia que no existe, estaba en los inicios en el hoyo negro, luego de vencer el miedo y el asombro que esta maravilla le producía, reflexionó, recordó el sufrimiento, las guerras, el caos que existe en el mundo, recordó las muchas Utopías que había leído y pensó para sus adentros...
"Cambiaré lo que viene".

Quién sabe que hubiese pasado si ella hubiera seguido soñando, probablemente ella habría evitado la creación de las enfermedades o de la crueldad humana, quizás hubiese eliminado por completo a la humanidad de la creación, probablemente hubiera evitado que el amor fuese tan intenso que dañara o que la felicidad nos mostrase lo que en realidad es sufrir, no hubiese permitido el hambre y el dolor se habría acabado, las depresiones, las pastillas, la adicción, la droga, la prohibición, las dictaduras, los asesinos, los pedófilos, estarían fuera del libro, tal vez nos vestiríamos iguales y el dinero no hubiera llegado a corromper nuestras vidas. Tal vez, todos seríamos robots, organizados, sin perder el tiempo, tal vez el único sentimiento que existiría sería la paz y la tranquilidad... La normalidad reinaría la tierra...

En cuanto a ella, entre tanto baile, tanto giro y tanta danza, se mareó demasiado, comenzó a serle imposible mantener el ritmo, se empezó a sentir mareada, era claro, un ser por especial que sea no puede mantener el ritmo dentro del baile primero...
Tanto fue su mareo que comenzó a sentirse como drogada, ya no veía lo que había al frente y el dolor de cabeza la había dejado sin oir, comenzó a desesperarse, a perder la respiración y pidió por favor despertar, salir de este lugar...
Así, por suerte, dejó que el caos tomara su curso y el mundo es lo que es hoy en día, con sus maravillas y defectos.
Pidiendo por favor despertar...


Ella se despertó, corrió al baño y vomitó, vomitó polvo de estrellas

Fotografía por Felipe Fuenzalida.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Apilados en fila *


Apilados en fila están los antepasados, unos encima de otros, 
como si una vez muertos no necesitasen espacio.
Apilados en fila están ahora los seres queridos, 
en un clóset desordenado y algo corrompido.
La muerte estudia en estos pasillos y guarda las almas en sus casilleros.

Unos encima de otros recuerdan el pasado, unos encima de otros quiebran los recuerdos, unos encima de otros se llenan de nostalgia, de angustia y de olvido.

Apilados en fila están los antepasados, 
ordenados según procedencia, 
en un eterno corredor de vida olvidada.
Ordenados esperan que las flores marchiten, las lágrimas de ternura y la visita de los que los adoran.
Ordenados y limpios, teatralmente maquillados,
 esperan en orden los antepasados,
 los seres queridos, los que lo vivieron todo y los que nos olvidaron temprano.

Apilados en fila están los antepasados, 
quebrados en ataúdes de cemento blanco.
Rodeados del polvo de las flores marchitas, 
en ataúdes picados, destrozados y poco cuidados.
Rodeados de ángeles que lloraron la descomposición de cada uno de sus huesos.

Enterrados en jardín yacen el resto, 
apilados en fila están los antepasados, 
del abuelo al padre y del padre al hijo, 
uno al lado del otro, pero sin tocarse.

Es ésta tradición maldita…

Que los vivos jamás soltaremos el pasado, 
jamás dejaremos que como polvo de flores, los antepasados se vayan, 
 los recordaríamos así con la misma calma que en el pleno invierno se extraña la primavera.

Dolor colorido 
transmiten las flores que quedan frescas 
y el laberinto de pasillos nos recuerda que en algún momento, 
aquí llegaremos y nos grita que al final
todos a quienes quisimos, están aquí....
...apilados en fila.
Foto: Ars Moriendi -Rapalapar

domingo, 19 de mayo de 2013

¡Golpea el cielo y escucha el sonido!

Llueve porque lloramos,
los relámpagos brillan en nuestros ojos,
y cómo granizos golpeamos de hielo el suelo.
Somos frías criaturas, oscuras y eléctricas.
Torcidos de hielo y lluvia...
Grises de nubes negras...
Y una vez que caemos, una vez que la oscuridad ha actuado, nos atrevemos a llorar despacito, a calmar los vientos de la respiración, a dejar brillar de nuevo el sol.

Somos frías criaturas, oscuras y eléctricas, por eso todo podemos lograr, porque sabemos sufrir.
Un dicho Zen dice: ¡Golpea el cielo y escucha el sonido!...

Gracias a eso respiramos hoy...*






domingo, 3 de marzo de 2013

Sin darme cuenta*

Empiezo a escribir, sin darme cuenta, aunque no sea lo mío, porque no me di ni cuenta cuando me enamoré y aunque no fuera lo mío, así sucedió.
Escribir es más demente que enamorarse, dicen, y sin embargo empiezo a escribir, sin darme cuenta…

Este arte no es mi área, escribir no es siquiera cercano a mi área, no soy artista, ni mucho menos intelectual, no me ando con rodeos, toda mi vida trabajé con las matemáticas, es más fácil, ellas no hacen preguntas, ellas solucionan en función de lo que se les pide, no se enrollan, no sienten, no piensan y sin embargo funcionan cómo si estuviesen vivas y con ellas no tengo problemas; no tenía problemas.

Bueno les cuento mi rollo, ya les dije, me enamoré, pero no fue un amor cualquiera, fue un amor intenso que me hizo cambiar, un amor poco común. Me enamoré y por eso hoy día, escribo y sin siquiera darme cuenta…

Hace un tiempo, empecé a estudiar a los animales, quería proponer una nueva teoría, una, que nadie había pensado antes, tal vez encontrar el nuevo esquema para entender el número pi o en una de esas encontrar una teoría que pudiese llegar a producir más revuelo que la mismísima teoría del caos, no importa ya, nunca lo sabré y ustedes tampoco, porque ya no tiene sentido hablar de ella.
Digo de ella, porque tuve en mis manos una teoría…
La cosa, es que estudiaba yo, mayoritariamente, a los insectos, más aún, a la libélula. Su conformación corporal y su perfección en las alas, la volvían el eje de mi estudio y mi nueva teoría.

Fui a miles de museos, leí, leí, leí y leí, libros de matemáticas, libros sobre la libélula, sobre cuánto pesa, sobre cuanto mide, sobre qué come, sobre cómo se reproduce, me encerré a leer por meses, la investigación iba bien y estaba a punto de sacar adelante mi teoría.
  Fue tanto lo que me convencí de que lo tenía, que dejé de ir a la universidad -¿Qué importa?- pensaba- total, voy a ser un genio…
Me creció el pelo y mi barba estaba casi al punto en el que parecía un viejo pascuero y con los días empecé a olvidar ducharme, incluso uno que otro día estoy seguro de que olvidé comer. Había que entender cada milisegundo de la evolución de la libélula y analizarla matemáticamente, no había tiempo para comer. Estaba seguro de que ganaría todo concurso, de que sería el próximo Einstein, pero más importante descubriría uno de los mitos de la naturaleza, explicaría matemáticamente esas cosas que nadie era capaz de entender.

Llegó el día en que mi teoría estuvo lista para ser presentada, tenía que ver con el movimiento de las alas, con el vuelo de la libélula.

 Primero quise la aprobación de un hombre a quién admiraba y que me era cercano, el profesor Roberto. Él era el más cercano a los alumnos, siempre disponible, siempre listo, siempre apoyaba esta clase de proyectos.
Al profe Roberto lo había conocido en la universidad y él me había dicho una vez que la pasión que tenía por las cosas y mi leve grado obsesivo, me llevarían al éxito, sin duda.
Lo llamé, se sorprendió al saber que era yo, me recriminó no haberle llamado antes y me dijo que la universidad no se dejaba sin dar aviso de aquello, algo enojado lo sentí, y dijo no entender la poca responsabilidad, de todos modos quedamos en reunirnos.
En un café que quedaba por ahí por Colón con Tobalaba, ni siquiera recuerdo el nombre del café.
Recuerdo que salir de mi escritorio fue extraño, cómo si dejase atrás algo muy importante, algo así como dejar la cuna. Me duché, me afeité mi larga barba, que a esas alturas, tuve que cortar con tijeras, me puse algo de desodorante y un poco de colonia, busqué ropa, que no fueran los cómodos calzoncillos que había usado los últimos 5 meses y salí.

Bueno y les cuento mi problema,  y para aquellas mujeres que no crean que nosotros los hombres también somos capaces de sentir o de enamorarnos a primera vista, les cuento que sí, somos totalmente capaces, de sentir amor y de llorar y de actuar sin pensar, lamentablemente, somos capaces.

Salí de mi casa, decidido, repasando una y otra vez cómo le presentaría mi teoría al profe Roberto, primero de tantos a quiénes presentaría después.  
     Al salir, me azotó la luz del día en los ojos, encandilando hasta mi cerebro, había olvidado el ruido de los autos por lo que el miedo me invadió al escuchar el rugido de éstas máquinas endemoniadas y había olvidado que la gente es derechamente antipática, no sólo te miran feo, son antipáticos; los edificios me parecieron enormes cómo monstruos grisáceos y la calle parecía que se derretía con el sol.

Antes de subir al metro quise sentarme en una plaza, quise sentir el pasto en mis pies, era de las cosas que más echaba de menos.

He aquí que apareció campante mi problema…
Cómo nadie lo había llamado, o tal vez cómo había sido llamado por meses, se dio la libertad de aparecer sin mínimo aviso.
Así apareció ella volando lentamente hacia mí, tanto de ella sabía y sin embargo todo lo había olvidado,  cómo movía sus alitas,  con rapidez y con tanta elegancia. Pasa que en los museos no alcanzas a ver la vida, en los libros es imposible encontrar esa chispita de luz, ese reflejo que se produce en sus alas.
      Se posó entonces, esa pequeña libélula en mi carpeta de presentación, y sin darme cuenta me enamoré, profundamente, olvidé todas las cifras, todos los números y me enamoré, me enamoré de ella, de esas alitas campantes que a diferencia de en mis libros o de mis museos se movían.
Me enamoré de ella, me enamoré de la vida que traía y me hizo botar a la basura mi teoría, mis matemáticas y mi lenguaje cuadrado.

Y ahora escribo, escribo porque me enamoré, escribo porque esa pequeña libélula me recordó que la maravilla del mundo no está en lo racional ni en los ensayos sino en la poesía.
Escribo porque me enamoré, sin darme cuenta, de una pequeña y maravillosa libélula.

martes, 26 de febrero de 2013

Sin esquinas


De pronto, despertó…

Le costó abrir los ojos, estaba mareada, se sentía enferma, débil y revuelta, tenía ganas de vomitar y las nauseas se la comían viva.
Para decir verdad, ni siquiera estaba segura de que hubiese despertado…
El corazón le salía por la garganta y lo escuchaba en sus oídos, cómo si dentro de ella estuviese creciendo un nuevo ser.
Comenzó a mirar alrededor, en la oscuridad los monstruos no tienen caras, en la oscuridad el miedo te abraza sin parar y te aprieta hasta ahogarte.

 Notó que estaba encerrada, que lo único que la rodeaban eran paredes, pensó entonces que la habían drogado, tenía que ser, tenía sentido…
“¿Dónde estoy?, ¿Qué fue lo último que hice?, ¿Cuántas horas llevo aquí?, ¿Quién tiene razones para secuestrarme?”…  ninguna de sus preguntas tenía respuesta.

 Todo estaba oscuro y ninguna de sus teorías hacía sentido, desde arriba, una ventanilla enrejada permitía que algo de luz entrara, dando una tenebrosa luminosidad a la habitación, y a ella, una pequeña esperanza. Trató de recordar lo sucedido antes de despertar allí, pero le fue imposible hacer una seguidilla de sucesos.

Empezó a recobrar lentamente la vista, en la oscuridad las pupilas se hacen grandes y las sombras comienzan a tomar forma, vio a su alrededor paredes blindadas de acero, brillando con la poca luz, metálicas, sin esquinas, su análisis se vio interrumpido abruptamente por un calor que comenzaba a picarle en los pies. El calor comenzó a subir por las paredes y de pronto la habitación entera estaba ardiendo, cada músculo de su cuerpo se despertó súbitamente y comenzó a moverse, a correr, de un lado para el otro, hasta que chocó con una de las paredes y quemando su brazo, se aferró a ella, miró nuevamente hacia la ventanilla y vio como una capa de neblina, de bruma, comenzaba a cubrirla y supo que moriría.

Pero pensó que tal vez ya había muerto, y este era el infierno, sí, tenía que serlo…
Las paredes de poco brillo, la luz al final del túnel, el no recordar cómo había llegado allí, la desesperación de dejar la vida, la sensación de ahogo y el calor infernal, sintió de pronto que volaba y en su desesperación comenzó a gritar.
-¡AAAAAAAAAAAAAH!

 Sus gritos retumbaron en las paredes sin esquinas, y gritó más fuerte y más fuerte…
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“-¡Mamá!, ¡Está lista el agua para tú té!...
Ay, como chilla esta tetera… habría que comprar una nueva”