jueves, 30 de junio de 2016

Cenizas de sentimientos

Mientras se sienta delante del teclado, escucha como las teclas golpean la mesa moviendo por completo su escritorio.
La música suena y en sus oídos y le es imposible distinguir entre el clickeo de las teclas y el tambor de la música.
Se sienta delante de su teclado, sabiendo que debe estudiar, sus emociones se la comen y es por eso que empieza con rabia a golpear las teclas, sin interrupciones, pocos borrones sólo vomitar y vomitar, siempre lo hace… vomitar información.
La música baja su intensidad y ella respira un poco de nuevo, siente su angustia, su melancolía y su odio, pero son sólo los residuos, residuos de los gritos que no pudo soportar dentro y que tuvo que revelar hasta quedar sin aire, esos que resonaron por toda la carretera y que sin embargo se transformaron en silencio, al no ser escuchados.
Cuántos son los niveles de locura, de dolor, de falta, de abandono y de ternura que se pueden sentir, cuánta falta hace expresar eso, eso que no nos deja ser, que no nos deja volver.
Sabe que necesita su abrazo, ese abrazo que antes la sacó de todo dolor, pero sabe también que no existen brazos tan largos como para traspasar la distancia que existe entre el océano y su alma.
Sí, está todo perdido, pero por lo menos por ésta vez, ella sigue escribiendo…


miércoles, 22 de junio de 2016

Peligro.

¿Quién se acercó primero?
No sé..
¿De quién era la intención?
No importa..
Pero.. ¿Qué pasó?
Nada..
Y ¿Entonces?
En la nada fue que se dejaron caer..
Se conocieron de formas que ninguno de los dos esperaba.
¿Quiénes?
Dos fantasmas, dos ‘nadies’
¿Qué conocieron entonces?
Conocieron dos bocas expectantes de un beso, que fue fugaz, que no existió, que se olvidó.
Dos bocas, llenas de deseo, de odio, de cariño inexplicable, de culpa… bocas trizadas, con palabras agrietadas, de vidas quebradas y sombras innombrables.
Dos bocas conectadas por algo que los separa.
¿Y qué es lo que los separa?
ESO!
Eso que no se dice, que no se toca, que no se habla, eso que se ve en las miradas profundas con la luz de un amanecer maldito.
¿Maldito?
Maldito, bendito, lo mismo es.
Cuando la contradicción y lo híbrido se conocieron, no supieron entenderse, se perdieron, la contradicción pensaba y el híbrido sólo se dejaba llevar, sin embargo, el control no existía.
¿No?
No del todo, había una calma juguetona, haciendo vibrar al caos que se acostaba a su lado. Había un caos que no permitía a la calma fluir. La calma juega tranquila y el caos la deja jugar con el, mientras la calma no se da cuenta de que cae prisionera, la calma no lo nota, pero se vuelve presa de la telaraña que tanto le costó construir, en calma, con paciencia, se ve atrapada ahí, en su propia artimaña.


Se odiaron, se detestaron, se asesinaron pero a la vez, se adoraron, se miraron con ternura y se dieron cariño, cariño real y ese momento fue sólo de ellos. Un momento sin lugar, sin tiempo, sin excusas, un momento condenado a suceder, pero que no se toca, no se vuelve a hablar de él, porque es sólo eso, un momento.

Es el tóxico juego de las purezas, la vulnerabilidad acuchillada por el deseo, tal vez es el comienzo del fin o el fin de todos los comienzos.

Pero sonríe y se muerde los labios, porque sabe que el juego, ese juego, se queda entre ellos, es suyo, es del firmamento.. un momento perdido en el tiempo, un momento que vino y se fue.


Un juego seductivo, en el que se jugó todo, una peligrosa noche de luna llena. Hoy le duele la culpa, hoy le duele la falta de calma, hoy le duele no entender y sin embargo, sonríe, pues es el dolor, lo que siempre la hizo sonreír.






Foto: serie, The good wife





miércoles, 15 de junio de 2016

Hoy.

Aprendí que esconderse y llorar son soluciones estáticas, 
que te mantienen quieta, que se te olvida por un momento o por siempre lo que te rodea.
Hoy, decido yo.

Hoy decido moverme, mi cuerpo estático queda atónito y no me lo cree, nadie me lo cree, yo no me lo creo, pero yo decido hoy 
y hoy decido que en vez de llorar voy a gritar, que en vez de darme vueltas en la cama voy a bailar hasta que los pies me duelan y hoy decido que el dolor que me acompaña a todas partes es el músculo con el que sonrío.
 Hoy decido que se acabó y que este estático cuerpo se olvide por un momento que le permití estar sentado o acostado, hoy vuelo porque quiero hacerlo y mis plumas caen cual muertas mariposas girando en el firmamento.
Es ésta transición extraña, es ésta la bendita maldición que hoy camino, se caen los muros y atrás está el mar.


Veo, desde el fondo del bosque como la guerrera quiere salir y gritar y luchar y volar y ésta vez, la voy a dejar salir.



Foto: Antonia Fuenzalida Lagies