-¿Qué quieres entonces?
-Ser feliz. Solamente feliz, todo el tiempo, feliz. Esa
felicidad que no tiene precio…
-¿Eso es lo que más quieres en la vida?... Si me dices eso
puedo tacharte de estúpido, de vacío y de ignorante. ¿No sabes acaso que la
felicidad no existe? Que es efímera, que son momentos, que es una actitud, un
concepto…
Estúpido, vacío e ignorante.
Estúpido, estúpido, estúpido.
¿No te das cuenta que hay en la tristeza un sabor dulce,
colores más fuertes y que es en la tristeza que la melancolía te habla a los
ojos y lo inefable te toma del pelo y te arrastra por piedras y cemento?
Estúpido! No entenderás jamás que es en el silencio de la
tristeza donde nacen las más bellas ninfas, diosas y hadas.
Vacío de sentidos, vacío de alma, de cuerpo y de motivos.
¿No entiendes acaso que es el miedo el que enciende los
oídos, no entiendes acaso que es la rabia la que te llena de sangre la boca, no
entiendes que es el dolor el que provee el tacto?
No entiendes nada, eres vacío, porque no sabes que realmente
son la rabia, el odio, el dolor, el miedo y el terror los que parieron a todas
las sensaciones, parieron al amor y también al odio.
No entiendes que en éste mundo existe la magia gracias al
pacto que hicieron el dolor, la violencia y el terror mientras sucumbían
pasionalmente uno ante el otro.
Y te llamo absoluta y totalmente ignorante.
Ignorante, ignorante, ignorante.
Porque no sabes que sin lo oscuro no existe la luz, porque
no sabes que el odio y el amor son hermanos gemelos.
¿Acaso no te das cuenta de que la violencia es hermosa, la
muerte es vida, el dolor son mariposas, el miedo es amante de la ternura y no
te das cuenta, acaso, de nuevo, que la felicidad es asquerosa y vomitiva?
Ignorante querido.
Ser feliz es ser indiferente, ser feliz es aislar la vida,
ser feliz es tener un tic-tac en la cabeza, ser feliz no viene sólo viene
acompañado de toda la maravilla que tiene el espanto. Ser feliz tiene un alto
precio.
-Dime tú entonces, ¿Qué es lo que quieres más en la vida?-
dijo con los ojos empapados en odio, sin soltar la mirada.
-Vivir encadenada a la intensidad, sufrir el éxtasis que
hizo que las ninfas, hadas y diosas no sean una fantasía. Sentir el amor que me
entrega el odio y romper a combos una pared llena de besos.
Cantar al terror que existe en la música inaudible de la
magia y la gracia.
Encontrarme en la mayor oscuridad para, por fin, ver las
estrellas, romper el silencio en un grito ahogado de ternura, aterrador.
Bailar y girar tanto hasta que el dolor me obligue a
romperme los pies y que de ellos salgan mariposas.
Morir cada día para sentirme viva, llorar cada día para que
mis dientes sonrían de lágrimas brillantes, vivir en ésta náusea sin tiempo y
tener la calma suficiente para abrazar la muerte, hermosa y brutal muerte.

