lunes, 16 de julio de 2012

Catarsis chiquitita...


Bailando entre humos de colores se perdía…
Espérate… no eran humos… ¿qué era?
Era agua… no estaba bailando entonces…
¿Qué estaba haciendo?
Parece que estaba nadando…
No era humana, no era del aire.. era del mar..
Difícil de creer, dicen que estaba medio dormido…
Pero él la recuerda tan bien.

miércoles, 11 de julio de 2012

Su boina, algo francesa


Detrás de su copa llena de vino tinto, estaban sus rojos labios y detrás de éstos, las palabras que nunca dijo.
Detrás de sus largas pestañas, llenas de rímel, sus ojos negros, y en ellos, todo lo que conoció, lo que vio y lo que jamás pudo olvidar.
Detrás de ese lunar, la locura que la envolvió cuando la noche llegó.
Y detrás de su largo pelo, se esconden las sirenas, listas para cantar.
Una viuda negra camina por sus tres anillos y se trepa por su cigarrillo, perdiéndose lentamente entre las telarañas del humo.
En el cuello, el tatuaje que la hacía parecer gitana, ese atrapa sueños.
Cuántos sueños habían perdidos en esa tinta, cuántos hombres habían intentado acercarse a ella.
Sus labios rojos saboreaban el vino…
Sus pestañas miraban hacia el escenario, iba todas las noches al mismo pub, ya la conocían los meseros, pedía siempre su copa de vino tinto y en verano un platito con frutillas.
Sonaba de fondo Mercy de Duffy, y ella se daba cuenta de que él la miraba desde una esquina, al rato él le mandó un trago, con el mozo.
El mozo le advierte:
- Ella no busca a alguien, sólo conquista, no tiene compasión ni cuidado, yo que tú no lo intento- dijo con la voz temblorosa.
-Es justo lo que ando buscando -dijo el hombre decidido.
-Se lo advertí- terminó por decir el mozo y dicho esto, tomó el Martini y lo llevó a la mesa de ella.

Ella giró la cabeza sobre su hombro y miró coqueta y él se acercó lentamente, entablaron una conversación y la gente los miraba raro.
Él andaba vestido, bastante simple, camisa a cuadros, chaqueta mezclilla y unos pantalones de tela color oscuro. Nada resaltaba de él, tal vez sólo su boina, algo francesa. Pero en realidad, era un tipo bien desaliñado.
Conversaron por horas, la gente que pasaba los miraba con algo de asco tal vez. Bailaron un rato, ambos sabían bailar bien el Rock n’ Roll, así que disfrutaron de un buen baile. Finalmente dejaron el bar, ella olvidó uno de sus anillos arriba de la mesa y él pagó la cuenta de todo esa noche.
Se fueron al departamento de ella, cuando llegaron ella prendió un cigarro y le ofreció Whisky a su invitado, se sacó por fin los altos tacos y los dejó en el suelo lentamente, se acercó a él, como un gato lo hace para cazar ratas, y de pronto se abalanzó sobre él, sin embargo, su invitado se sorprendió y se echó para atrás.
-¿No crees que es muy luego? – dijo empujándola, pero con ternura.
-Es que yo… bueno, tal vez –  dijo algo enojada volvió a sentarse, agarró el corto de Whisky y se lo tomó de un trago -Voy a servirte otro - dijo con voz firme.
-No te pongas así, deberías entenderme, a mí me interesas, ¿podemos intentar algo?- dijo con voz tranquila él.
-No- dijo ella, casi como si no lo estuviera escuchando, el cigarro humeaba en el cenicero, ella lo tomó y se acostó en el sillón, mirando al blanco techo de su departamento.
El tipo se levantó, le hizo cariño en la cabeza y luego le dio un beso en la frente.
-Me voy, espero te vuelva a ver.

Después de esa noche ella perdió su sensualidad, su misterio y su maldad, se volvió un ente más separado de la sociedad, y trató de enamorarse de varios de los hombres del bar, pero cada vez que algo resultaba, ella terminaba la relación diciendo:  “¿No crees que es muy luego?”.
Pasaron los años y él chico nunca más apareció, tiempo después ella decidió ir a otro bar a probar suerte.
Esto es lo que dicen que pasó…
Se acercó a ella un tipo rubio y le dijo con compasión:
-Te ves triste y te ves cansada.
Ella lo miró y le respondió:
-Habría que preguntarle a las arañas.
Cualquiera podría correr de ésta respuesta, loca de seguro estaba, pero él se rió y le dijo:
-¿No crees que es muy luego?, o sea, recién nos conocemos, ésas respuestas podrían espantarme.
Ella lo miró, sonrió y dijo coqueta:
-¿Te puedo invitar a un trago?
Él, al darse cuenta de sus intenciones, le dijo:
-Aay, esto es incómodo, soy gay, perdona si sentiste que te estaba joteando, pero no… de hecho ahí viene mi pololo.
Ella se dio vuelta y lo vio, con camisa de cuadros, bien simple, chaqueta de mezclilla y la boina que tanto le llamó la atención la primera vez, era como francesa.