Hoy duele,
Mañana se ruge de nuevo.
Hoy no pierdo nada que no haya perdido antes.
Porque hoy no suelto nada que no haya soltado ya.
Mis días, son todos una puta lucha y a cada uno de ellos,
llenos de colores y sensaciones abrumadoras,
les pongo el corazón completo.
Abrazo con fuerza al dolor
aunque a veces termine tirada en una banca en el centro.
Sola. Llorando como niña.
Sigo siendo una guerrera, sintiendo a través de mis heridas.
Qué belleza la que contiene vivir así,
sin miedos, ataduras, faltas, sólo luchando y sintiendo.
Mis enemigos son más grandes de lo que crees,
no se encuentran en ésta dimensión y no busco tenerlos aquí.
Mis enemigos son máscaras, fantasmas, productos de mi mente.
¿Quién podría igualarlos? NADIE.
Mi ira, mi intensidad y mi dolor son sólo míos,
nadie más los merece.
Ellos me mueven, me hacen feliz, me provocan y me hacen morir.
Gracias a ellos he sobrevivido y sé que voy a sobrevivir.
Los guerreros también sufren, pero saben que la pelea no ha terminado.
Saben que no se puede luchar solo.
Tanto como saben que siempre estamos solos.
No me lameré las heridas porque mi guerra no ha terminado.
Por eso hoy lloro,
pero mañana rujo de nuevo.
martes, 13 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
Hoy, sobre todo hoy...
Me rompo la piel
a pedazos.
Cuál serpiente
que cambia su piel por una nueva.
He cambiado. De
eso no hay duda.
Ayer alguien me
lo preguntó, alguien de bastante sabiduría y sensibilidad.
Hablábamos
nosotras de tiempos muy pasados, muy oscuros.
Yo dije que sí,
que había cambiado.
Sin dudar ni por
un segundo.
Sin embargo, noté
que no sólo había cambiado desde esos tiempos, sino que parece que vivo en un
constante cambio.
Hoy y sobre todo
hoy, me doy cuenta de que soy una guerrera y los guerreros tienen que cambiar
de piel, igual que las serpientes.
Tienen que
cicatrizar cambiando la piel, encontrar porqué pelear, aferrarse a la vida,
llorar sólo con gritos y sentir el mundo a través de sus heridas.
Eso he aprendido,
pero siempre lo tuve dentro.
Ha salido al
exterior, eso es lo que ha cambiado.
Sin embargo,
viene en mis sangre, en mis colmillos y en mis lágrimas.
La fuerza que
trae la historia de mi apellido, de mi padre y mis tíos.
Mi abuelo. Mi
abuela. El 73.
El dolor por el
que todos hemos pasado, el amor que nos tenemos.
Eso nos
transformó a todos en guerreros.
Hoy le agradezco
a mi abuelo, a quién no conocí; por regalarnos eso:
Ese amor, esa
fuerza, esa guerra.
La pasión con la
que pelea un Fuenzalida no es la misma pasión que sienten otros.
Primos, hermanos,
padres, tíos y abuelos, todos los que conformamos ésta enorme familia que tiene
más ramas que una enredadera.
Luchemos siempre
porque ese dolor y esa intensidad nos mantengan vivos, peleando como guerreros.
Fui un ave, hoy
soy una serpiente, mañana seré un lobo y pasado me transformaré en zorro.
Nadie sabe
realmente cual es el orden, pero siempre encontraré un tótem que me haga
compañía y me ayude a luchar y es en mi apellido que está inmerso ese tótem.
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