lunes, 27 de octubre de 2014

"Tormentas, Sol, y un Par de Sonrisas."

Cito a una sabia amiga, para expresar lo que se siente despedirse…
“Sí, la vida es una perra, aunque a veces también es la perra más glamorosa y bella de la noche”.

Así siento hoy día la vida, perra como ella sola, maricona, que se olvidó lo que dolía y porqué dolía, perra la weona, que no sabe cargar a la gente por igual y deja a algunos desgraciados y a otros vivir de la gracia, perra porque se olvida de recordar que los queridos, que el amor y que las amistades son más importantes que la miseria, la soledad y los que se fueron.
Una perra glamorosa de todas formas, glamorosa porque entrega momentos de belleza, de melancolía y de alegría, entrega amor la weona, entrega vida, entrega la naturaleza y entrega la fortaleza para que sigamos luchando por ella, bella, bella como ella sola, baila con el universo, juega con el caos y reparte por ahí su maldad con frialdad y su cariño, lo da calma, lo da en paz.

Despedirse de los queridos es un poco como la misma vida, dejar partir es una perra glamorosa, esa perra que te destruyó en su momento, que se encargó de abandonarte, cagarte o dejarte sola, pero que no quieres dejar ir por sus brillantes lentejuelas, que quieres que te cuide un tiempo más y te mire a través de esos ojos maquillados. Que sonrían juntos por última vez…

Es por eso que hoy día, los recuerdos me torturan y sin embargo me llenan y de orgullo de alegría, pero a la vez siento como se desmoronan a mi alrededor  las miles de promesas, porque sí, a la gente le encanta prometer, prometer y no cumplir.
Siento como mi cuerpo palpita por completo, la sangre bombea desde el músculo herido a todo mi cuerpo y por mis venas siento como corre el dolor, haciendo carreritas, como se expande sin dejar espacios vacíos, siento como me atrapa y me obliga a girar en círculos, a llorar despacito, a gritar ¿Porqué?...

Fuimos los que fuimos, fuimos hermanos de alma, fuimos contra toda encuesta, contra toda teoría, fuimos, fuimos, fuimos… fuimos los mejores amigos.

…Dejar ir… patalear... soltar… olvidar… y alguna vez… cuando el tiempo pase… recordar con cariño.



jueves, 8 de mayo de 2014

Espejo contra espejo.

Desde hace una hora el mentiroso compulsivo está en la terraza , rodeado de gente, tontos que le creen cada una de sus increíbles aventuras. ¡Miren! ¡Navegó los siete mares!, si no es Simbad el marino, ¡Enamoró a una princesa, siendo extremadamente pobre!, ¿no es ese Aladino?,  tal vez, si dijera que fue, junto con Colón, quién descubrió américa, le creerían, pero si hasta le creen que vivió en la selva, cual si fuera Tarzán.
A veces tiendo a creerle su cuento y es que tiene una manera de narrar que te hace dudar de su verdadera realidad, ¿Será que es, en verdad,  un trapecista de circo?, ¿Será que ha visto ninfas en los bosques de  un lugar remoto?, pero si ni siquiera sus amigos más cercanos saben su verdadero nombre, su edad o conocen a su familia. Ellos viven en Europa, suele explicar,  los va a ver una vez al año, en navidad, el amor que se tienen es enorme y no tienen problemas.
Los ingenuos que a su alrededor se sientan, lo conocieron un verano hace dos años, en una fiesta, en la cual, nunca paró de hablar. Desde entonces suelen salir, pasear, ir al cine, hacen todo juntos.
A diferencia del mentiroso, quiénes le escuchan, tuvieron vidas regulares, nacieron, fueron al colegio y en la Universidad se graduaron y hoy viven devorados por sus rutinas, aburridas, infelices. Es por eso que necesitan las historias del mentiroso, con ellas rellenan sus vidas vacías.
El mentiroso forma parte de mi cuerpo, no soy yo, es una parte de mi pierna que se tensa y que no puedo dejar de mover, un zumbido en mis oídos que no dejo de escuchar, son mis labios que se mueven y no terminan nunca las eternas historias y no está feliz nunca hasta que todos los ojos de la habitación lo miran con brillante ilusión y oscura envidia.
El mentiroso compulsivo sigue en la terraza, no termina de hablar nunca y a veces yo, tiendo a creerle su cuento.
De pronto, suena el timbre, uno de los insignificantes se levanta y se ofrece a abrir la puerta. Los dueños de casa se lo agradecen, debe ser el último invitado.   La historia se interrumpe.
Me levanto, y conmigo la mentira, que son mis pulmones, pregunto dónde está el baño y camino hacia él.
Entro por una puerta, que tiene una manilla antigua en la cual está tallada la cara de Medusa. La miro, la acaricio, giro la manilla y entro.
Me miro en el espejo y me pregunto ¿Qué es lo que estoy haciendo? Todos van a darse  cuenta tarde o temprano, de que yo soy el mentiroso compulsivo, sentado en su terraza, llenando con mis mentiras su vida. ¿Qué es lo que estoy haciendo?
El espejo comienza a temblar, a tambalear, a hacerse poco estable, como si fuera de agua, el espejo se acerca a mi cara y miro dentro de él y me veo a mi mismo, vestido de diferentes telas. Parece un disfraz malformado, visto un taparrabo como Tarzán, los zapatitos curvados de Aladino y la chaqueta de un marino, cual Simbad. Me llaman desde adentro del espejo, por lo que entro en él, me están llamando para hacer mi show, soy el trapecista de un circo, con la cara pintada de blanco y un gorro negro, camino hacia quién me llama y veo a los payasos y seis jaulas: con leones y tigres, bailarinas de ballet y malabaristas con fuego.
Me llama el dueño del circo y se enfurece de lo tarde que vengo y por el disfraz que traigo, me manda al probador, diciendo que me apure. Yo no entiendo que sucede.
Entro al probador, siguiendo las órdenes y me encuentro con un par de abuelitos y una niña de unos 15 años, ellos dicen ser mis padres y la niña, mi hermana, muy felices me recuerdan que es Navidad y que no podemos pasarla separados, pero yo no los conozco, les digo, nunca tuve familia, no sé quiénes son, mis padres murieron cuando era niño. Ellos asustados y enojados me acusan de mentir, de estar nervioso por subirme al trapecio y me recuerdan que debo apurarme.
Salgo del casillero, cada vez estoy más confundido, encuentro una escalera que sube hasta el décimo piso del cielo, me aterra subir, nunca he sido un fan de las alturas, pero me presionan los ojos enfurecidos del dueño del circo, comienzo a subir, subo y subo y subo, al mirar abajo veo a la familia expectante y un par ninfas alrededor del público que mira mi subir con atención.
Una vez arriba, me acercan un trapecio, lo tomo con las manos, llenas de tiza y miro abajo, muy, muy abajo, hay una red, pero parece tan poco segura, agarro el trapecio con fuerza y pienso en saltar, pero no lo hago.
Me viene un pánico desde el estómago que paraliza cada uno de mis músculos y me hace doler los huesos, me quedo quieto y escucho al dueño del circo gritar desde abajo: ¡Maldito! ¿No eres un trapecista profesional? ¡Tírate!, estamos todos esperando.
Todos los ojos de la habitación me miran, con brillante ilusión y oscura envidia, entonces se me resbala el trapecio y veo como cada uno de ellos deja poco a poco de mirarme y grito: ¡Me voy a tirar! ¡Devuélvanme el trapecio!.
La mujer lo balancea desde el otro lado y vuelvo a tomar el trapecio. Nuevamente mis músculos duelen y mis huesos se vuelven pesados, de pronto el dueño del circo grita: ¡Mentiroso!
Cada una de las personas en el público lo sigue y uno a uno comienzan sus burlas y críticas, de pronto resbalo y caigo en picadas, directo a la red sin fondo.
He golpeado el espejo.
Salgo corriendo del baño, quiero contarles a los que están en la terraza lo que acabo de ver pasar en el espejo, explicarle a los dueños lo que le pasó al espejo de su baño.
En lugar de eso, el mentiroso compulsivo sale a la terraza con las manos llenas de heridas, chorreando sangre y explica, que pensó seriamente en matarse allí adentro, pero que no pudo hacerlo por su bella familia y maravillosos amigos.
Ninguno de los inocentes e ilusos le toma mucha atención, algo más ha surgido, son los hombres que abajo luchan sin parar, unos contra otros. Luego de decirle que se quede tranquilo, los invitados le comentan esta situación. Yo me  quedo mudo, miro mis manos y busco confort para limpiarme, cuando vuelvo miro como los insignificantes están sentados en la misma terraza, y veo que se aleja de mi, el mentiroso compulsivo, se va del departamento y corre y corre, hasta que se suma al grupo de hombres que corren calle abajo.





sábado, 3 de mayo de 2014

Siempre.

Siempre se dijeron y todo se acabó…
Así van algunas historias, casi nunca perduran, la gente se arranca, corre lejos, porque siempre es mucho tiempo.
Siempre es eterno, siempre implica trabajo, así van algunas historias, casi nunca perduran.
 Siempre es imposible, siempre es eterno.
Y a la eternidad le cuesta devolver la mano, por que somos unos a un lado del signo infinito y otros al cruzar su centro.
Siempre dicen algunos….
Algunos que no están.
Por eso hoy, vivir en el presente, es la mejor solución, el presente es efímero, el presente ya se acabó.



La eternidad está maldita.