Apilados en fila están los antepasados, unos encima de
otros,
como si una vez muertos no necesitasen espacio.
Apilados en fila están ahora los seres queridos,
en un
clóset desordenado y algo corrompido.
La muerte estudia en estos pasillos y guarda las almas en
sus casilleros.
Unos encima de otros recuerdan el pasado, unos encima de
otros quiebran los recuerdos, unos encima de otros se llenan de nostalgia, de
angustia y de olvido.
Apilados en fila están los antepasados,
ordenados según
procedencia,
en un eterno corredor de vida olvidada.
Ordenados esperan que las flores marchiten, las lágrimas de
ternura y la visita de los que los adoran.
Ordenados y limpios, teatralmente maquillados,
esperan en
orden los antepasados,
los seres queridos, los que lo vivieron todo y los que
nos olvidaron temprano.
Apilados en fila están los antepasados,
quebrados en ataúdes
de cemento blanco.
Rodeados del polvo de las flores marchitas,
en ataúdes
picados, destrozados y poco cuidados.
Rodeados de ángeles que lloraron la descomposición de cada
uno de sus huesos.
Enterrados en jardín yacen el resto,
apilados en fila están
los antepasados,
del abuelo al padre y del padre al hijo,
uno al lado del otro,
pero sin tocarse.
Es ésta tradición maldita…
Que los vivos jamás soltaremos el pasado,
jamás dejaremos
que como polvo de flores, los antepasados se vayan,
los recordaríamos así con la misma calma que
en el pleno invierno se extraña la primavera.
Dolor colorido
transmiten las flores que quedan frescas
y el
laberinto de pasillos nos recuerda que en algún momento,
aquí llegaremos y nos
grita que al final
todos a quienes quisimos, están aquí....
...apilados en fila.
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| Foto: Ars Moriendi -Rapalapar |

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