A veces quién mejor escucha no es el amigo, ni el pariente,
no el psiquiatra, ni el terapeuta…
El mejor oído es el insípido, vacío y lleno de
posibilidades, papel en blanco…
Cuando las palabras no tienen sonido, cuando no tienes el
coraje o el aliento para pronunciarlas, es la tinta quién las libera, para, al
mismo tiempo, volverlas prisioneras, con un mágico baile, en su sensual
coqueteo, las plasma en la prisión del anónimo e incógnito papel.
Y construyen sin notarlo una explosión de silencio, un suspiro
revelador, crean el arte del que me enamoré perdidamente hace años…
La escritura.

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