domingo, 22 de febrero de 2015

Volviendo al principio.

A veces quién mejor escucha no es el amigo, ni el pariente, no el psiquiatra, ni el terapeuta…

El mejor oído es el insípido, vacío y lleno de posibilidades, papel en blanco…
Cuando las palabras no tienen sonido, cuando no tienes el coraje o el aliento para pronunciarlas, es la tinta quién las libera, para, al mismo tiempo, volverlas prisioneras, con un mágico baile, en su sensual coqueteo, las plasma en la prisión del anónimo e incógnito papel.

Y construyen sin notarlo una explosión de silencio, un suspiro revelador, crean el arte del que me enamoré perdidamente hace años…

La escritura.

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