domingo, 11 de septiembre de 2016

Hoy, sobre todo hoy...

Me rompo la piel a pedazos.
Cuál serpiente que cambia su piel por una nueva.
He cambiado. De eso no hay duda.
Ayer alguien me lo preguntó, alguien de bastante sabiduría y sensibilidad.
Hablábamos nosotras de tiempos muy pasados, muy oscuros.
Yo dije que sí, que había cambiado.
Sin dudar ni por un segundo.
Sin embargo, noté que no sólo había cambiado desde esos tiempos, sino que parece que vivo en un constante cambio.
Hoy y sobre todo hoy, me doy cuenta de que soy una guerrera y los guerreros tienen que cambiar de piel, igual que las serpientes.
Tienen que cicatrizar cambiando la piel, encontrar porqué pelear, aferrarse a la vida, llorar sólo con gritos y sentir el mundo a través de sus heridas.
Eso he aprendido, pero siempre lo tuve dentro.
Ha salido al exterior, eso es lo que ha cambiado.
Sin embargo, viene en mis sangre, en mis colmillos y en mis lágrimas.
La fuerza que trae la historia de mi apellido, de mi padre y mis tíos.
Mi abuelo. Mi abuela. El 73.
El dolor por el que todos hemos pasado, el amor que nos tenemos.
Eso nos transformó a todos en guerreros.
Hoy le agradezco a mi abuelo, a quién no conocí; por regalarnos eso:
Ese amor, esa fuerza, esa guerra.
La pasión con la que pelea un Fuenzalida no es la misma pasión que sienten otros.
Primos, hermanos, padres, tíos y abuelos, todos los que conformamos ésta enorme familia que tiene más ramas que una enredadera.
Luchemos siempre porque ese dolor y esa intensidad nos mantengan vivos, peleando como guerreros.
Fui un ave, hoy soy una serpiente, mañana seré un lobo y pasado me transformaré en zorro.
Nadie sabe realmente cual es el orden, pero siempre encontraré un tótem que me haga compañía y me ayude a luchar y es en mi apellido que está inmerso ese tótem.

En mi sangre, mis colmillos y mis lágrimas.



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