miércoles, 22 de junio de 2016

Peligro.

¿Quién se acercó primero?
No sé..
¿De quién era la intención?
No importa..
Pero.. ¿Qué pasó?
Nada..
Y ¿Entonces?
En la nada fue que se dejaron caer..
Se conocieron de formas que ninguno de los dos esperaba.
¿Quiénes?
Dos fantasmas, dos ‘nadies’
¿Qué conocieron entonces?
Conocieron dos bocas expectantes de un beso, que fue fugaz, que no existió, que se olvidó.
Dos bocas, llenas de deseo, de odio, de cariño inexplicable, de culpa… bocas trizadas, con palabras agrietadas, de vidas quebradas y sombras innombrables.
Dos bocas conectadas por algo que los separa.
¿Y qué es lo que los separa?
ESO!
Eso que no se dice, que no se toca, que no se habla, eso que se ve en las miradas profundas con la luz de un amanecer maldito.
¿Maldito?
Maldito, bendito, lo mismo es.
Cuando la contradicción y lo híbrido se conocieron, no supieron entenderse, se perdieron, la contradicción pensaba y el híbrido sólo se dejaba llevar, sin embargo, el control no existía.
¿No?
No del todo, había una calma juguetona, haciendo vibrar al caos que se acostaba a su lado. Había un caos que no permitía a la calma fluir. La calma juega tranquila y el caos la deja jugar con el, mientras la calma no se da cuenta de que cae prisionera, la calma no lo nota, pero se vuelve presa de la telaraña que tanto le costó construir, en calma, con paciencia, se ve atrapada ahí, en su propia artimaña.


Se odiaron, se detestaron, se asesinaron pero a la vez, se adoraron, se miraron con ternura y se dieron cariño, cariño real y ese momento fue sólo de ellos. Un momento sin lugar, sin tiempo, sin excusas, un momento condenado a suceder, pero que no se toca, no se vuelve a hablar de él, porque es sólo eso, un momento.

Es el tóxico juego de las purezas, la vulnerabilidad acuchillada por el deseo, tal vez es el comienzo del fin o el fin de todos los comienzos.

Pero sonríe y se muerde los labios, porque sabe que el juego, ese juego, se queda entre ellos, es suyo, es del firmamento.. un momento perdido en el tiempo, un momento que vino y se fue.


Un juego seductivo, en el que se jugó todo, una peligrosa noche de luna llena. Hoy le duele la culpa, hoy le duele la falta de calma, hoy le duele no entender y sin embargo, sonríe, pues es el dolor, lo que siempre la hizo sonreír.






Foto: serie, The good wife





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