Creo en la enseñanza que socialmente está prohibida, la
bella educación que se escondió del mundo.
Creo en las hadas y los duendes que nos daban alegría en el
kínder.
Creo en el caos que nos dio una bella adolescencia en la Media y en el
amor de familia que nos dieron en la Básica.
Supe desde muy pequeña que mis profesores eran mi familia,
los viejos sabios de la tribu, que repartían conocimientos y que nos cuidaban.
Supe desde siempre que eran mis maestros, no mis profesores, mis maestros,
espirituales y mentales.
Me llevé de este colegio grandes aprendizajes, me llevé de
este colegio apasionadas salas de clases e intensos profesores, me llevé de este colegio las
herramientas para vivir, me llevé de este colegio la comprensión y cariño a
todo ser vivo.
Aquí me enseñaron a moverme en el mundo, a enfrentarme a la
vida y a abrazar lo mío, lo sensible y lo intenso.

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