Era el bailarín de los milenios, el más solitario, era hijo
del roble, primo del aromo y hermano de los zorros.
Su mamá lo había amado, pero lo había dejado.
Y su tía, la serpiente, se había hecho cargo de él y con
amor lo había criado.
Su vida se había construido como un atrapa sueños, su
destino y su fortuna jugaban como el humo.
Él era aquel que sin lenguaje
hablaba, sin pincel pintaba y sin voz cantaba, él era quién nunca había tenido
una barrera, su vista sabía cambiar los
colores y su alma nunca se quedaba estática, amaba y sufría con todo lo que
tenía, y así vivía.
Danzando a orillas del precipicio,
veía el mundo, sabía que había algo más allá, pero no le interesaba, no le
importaba.
La inocencia se conocía sólo si en
su mirada te encontrabas y quiénes lo habían visto pasar jamás lo olvidaban,
decían que venía vestido de payaso con una flor en la mano, que te cantaba al
oído o te hablaba del infinito, dicen que inspiraba intensidad y provocaba
pasión y que las princesas más codiciadas a sus pies habían desfallecido.
Tal era este personaje, que varios
científicos habían querido investigarlo, pero nadie que lo buscara lo
encontraría, él aparecía de repente, te envolvía y te desafiaba a vivir de
verdad.
Esa mañana ella cuenta que lo vio pasar, cerca
de los bosques, cantando como siempre, pero esta vez no bailando…
Venía al pueblo a investigar sobre los humanos…
Venía al pueblo a investigar sobre los humanos…
Esos bosques, ese pueblo, ambos
volaron en mil pedazos, todo por culpa de la conocida y famosa bomba…
Algunos dicen que cuando el hongo
de dolor salió a la luz y todos corrían en medio del silencioso resplandor,
cuando soltaron al más horrible de los monstruos y cuando la destrucción se
volvió la realidad que todos presenciaron.
Él, desapareció…
Desapareció con sus hermanos
zorros, pero quedó como una sombra, estampado en un grafiti de las murallas que
rodean la ciudad.
Todos en el pueblo lo recuerdan…
Dicen las leyendas más antiguas que
todavía baila en los acantilados, pero ahora sólo llora, llora porque vio la
verdad, llora porque olvidó el amor y llora porque se le olvidó como olvidar.
Llora porque conoció la parte más salvaje de la humanidad.


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